La tarde

Cada día toco con mis manos la dicha
la beso con mis labios
la dejo que se duerma dulcemente en mi pecho
que se despierte luego estremecida como un hermoso sueño.

Enfrente el cielo, los pájaros y tu boca entreabierta

sobre la calle con acacias y niños,

delicada y trémula como una sonata.

Y desde mi terraza, íntima como una caricia

ávido sorbo la tarde y su hermosura

contemplo el avión rasgar sereno el aire puro

y casi toco

acaricio con mis dedos la luna inmensa

posada con ternura sobre un árbol cercano.

Poca cosa es lo que hace falta a veces para sentir la dicha

una luz, una flor, una brisa, una mano en la nuestra

o esta tarde que parece de carne

de suavísimo nácar

tarde entregada para un mirar lentísimo

para entrarla despacio

como un sueño en el alma

para besarla pura, inmaterial y celest e.

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Vivir… imaginar… soñar… Y dejarse abrazar todos los días por la ternura, por la alegría.

Angela Botero