LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN (Carlos Castaneda)

«El poder reside en el tipo de conocimiento que uno posee. ¿Qué sentido tiene conocer cosas inútiles? Eso no nos prepara para nuestro inevitable encuentro con lo desconocido…»

«Nada en este mundo es un regalo, lo que ha de aprenderser debe aprenderse arduamente…»



«Enfadarse con la gente significa que uno considera que los actos de los demás son importantes. Es imperativo dejar de sentir de esa manera. Los actos de los hombres no pueden ser lo suficientemente importantes como para contrarestar nuestra única alternativa viable: nuesto encuentro inmutable con el infinito…»

«Un hombre va al conocimiento como va a la guerra, bien despierto, con miedo, con respeto, y con absoluta confianza en sí mismo. Ir al conocimiento o ir a la guerra de cualquier otra manera es un error, y quienquiera que lo haga vivirá para lamentar sus pasos…»

«Cuando un hombre ha cumplido esos cuatro requisitos -estar bien despierto, tener miedo, respeto y absolta confianza en si mismo- no hay ningún error por el que deba rendir cuentas; bajo esas condiciones sus actos pierden la calidad equivocada de los actos de un necio. Si semejante hombre falla, o sufre una derrota, habrá perdido sólo una batalla, y no habrá pesares lastimosos sobre eso…»

«Ocuparse demasiado de uno mismo produce una inmensa fatiga. Un hombre en esa posición está ciego y sordo a todo lo demás. La fatiga misma le impide ver las maravillas que lo rodean…»

«Cada vez que un hombre se propone aprender, tiene que esforzarse como el que más, y los límites de su aprendizaje están determinados por su propia naturaleza. Por tanto, no tiene sentido hablar del conocimiento. El miedo al conocimiento es natural, todos lo experimentamos, y no podemos hacer nada al respecto. Pero por temible que sea el aprendizaje, es más terrible la idea de un hombre sin conocimiento…»

«Un hombre de conocimiento es aquel que ha seguido las penalidades del aprendizaje exitosamente. Un hombre que ha ido, sin apresurarse y sin vacilar, hasta donde puede en comprender los secretos del poder y el conocimiento…»

«Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender…»

«Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada, lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla…»

«Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡El miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda…»

«No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de sí. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora. Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural…»

«Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos y sabe satisfacerlos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto…»

«Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡La claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo pero también ciega. Fuerza al hombre a no dudar nuca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad y no se detiene ante nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro pero incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más…»

«Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla solo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión, no será solamente un punto delante de sus ojos. Ese será el verdadero poder…»

«Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡El poder mismo!…»

«El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. El manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder…»

«Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo una carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de sí mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder…»

«Tiene que desafiarlo [al Poder], con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es suyo de verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo…»

«El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡La vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante…»

«Este es el tiempo -la vejez- en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en que él siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento…»

«Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado un hombre de conocimiento, aunque sea tan solo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes…»

«Siempre debes tener presente que un camino es sólo un camino; si sientes que no debes seguirlo, no debes permanecer en él bajo ninguna circunstancia. Para tener tal claridad debes llevar una vida disciplinada. Sólo entonces sabrás que un camino es sólo un camino, y no hay ninguna afrenta alguna, a uno mismo o a otros, si te apartas de él, si eso es lo que tu corazón te dice que hagas.»

«Pero tu decisión de quedarte o dejar algún camino debe estar libre del miedo o de la ambición. Mira cada camino estrechamente y deliberadamente. Pruébelo tantas veces como creas que sea necesario. Entonces hazte a ti mismo, y tu solo, una pregunta: ¿Tiene este camino corazón? Si lo tiene, el camino es bueno; si no, no es para recorrerlo…»

«De todos modos, ambos caminos -El bueno y el malo- no llevan a ninguna parte; pero uno tiene corazón y el otro no. Uno constituye una jornada jubilosa; mientras más lo sigas, más eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te debilita…»

«Yo digo que es inútil gastar tu vida en un camino, sobre todo si ese camino no tiene ningún corazón…»

«Para escoger un camino, debes estar libre del miedo y la ambición…»

«Para mí hay sólo hay el viajar en caminos que tienen corazón, en cualquier camino que pueda tener un corazón, y el único desafío que vale la pena para mí es cruzarlo en toda su longitud. Y allí yo viajar, viendo, viendo, jadeante…»

UNA REALIDAD APARTE (Carlos Castaneda)

«Sentirse importante lo hace a uno, pesado, torpe y vano. Para ser un hombre de conocimiento uno necesita ser ligero y fluido.»

«Un guerrero debe saber que sus actos son inútiles y aún así proceder como si no lo supiera. Ése es el desatino controlado de un hechicero.»

VIAJE A IXTLÁN (Carlos Castaneda)

«El miedo nunca daña a nadie. Lo que daña el espíritu es tener siempre a alguien en tu espalda, pegándote, diciéndole qué hacer y qué no hacer.»

«La muerte es el único consejero sabio que tenemos. Siempre que sientas que todo está saliendo mal y estás a punto de ser aniquilado, vuélvete a tu muerte y pregúntale si eso es cierto. Tu muerte te dirá que estás equivocado; que nada realmente importa fuera de su toque. Tu muerte te dirá: «yo no te he tocado todavía»

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